La fecha del 12 de octubre de 1492 en la historia convencional, es la fecha que se conmemoraba  solemnemente a nivel internacional como  “El descubrimiento de América”, bajo el  enfoque euro- centrista divulgado hasta en la enseñanza escolar neocolonialista de los libros de historia en América Latina; pero existe una realidad sobre ese hecho histórico que marcó el rumbo de la historia mundial, al final quisieron vendernos la idea de la supremacía de la imposición colonial española en nuestras regiones como que eran sociedades superiores, a tal punto que debíamos agradecerles toda la barbarie cometida porque así logramos actualmente usar prendas de vestir, hablar español, tener religión católica y ser “civilizados”, un completo absurdo.

Por lo tanto esta fecha  no es más que  el inicio del fin de la libertad y la vida de las sociedades autóctonas de nuestra América, el indiscutible choque de un sistema de valores y creencias de diferentes grupos culturales que habitaban el planeta tierra. Fue la exportación de un sistema económico feudal y esclavista europeo en América; sin embargo, no todo desapareció, nuestras raíces que están ligadas a nuestra madre tierra bajo un respeto profundo por la naturaleza que es la esencia de nuestra existencia, es y ha sido el símbolo por excelencia de nuestra bandera de lucha durante 5 siglos.

Es el momento de reivindicar la identidad cultural de nuestras raíces precolombinas por más que, la cultura europea a través de los siglos nos haya intentado pisotear el esquema y modo de vida de las sociedades primigenias de nuestra América, ello no simplemente sucede en nuestro país Nicaragua, sino que claramente lo expone el escritor Eduardo Galeano, en su obra “Las venas abiertas de América Latina”, donde se refiere al hermano país de Guatemala, “ La expropiación de los indígenas- usurpación de sus tierras y de su fuerza de trabajo – ha resultado y resulta muy simétrica al desprecio racial, que a su vez se alimenta de la objetiva degradación de las civilizaciones rotas por la conquista. Los efectos de la conquista y todo el largo tiempo de la humillación posterior rompieron en pedazos la identidad cultural y social que los indígenas habían alcanzado.” Ello puede retomarse como un mismo comportamiento a nivel continental, ampliamente esparcido, pero el compromiso identitario con nuestras raíces históricas deberá ser un estandarte de lucha de los revolucionarios de nuestra América.

En las últimas décadas se ha procurado cambiar los términos históricos acorde a nuestra verdadera realidad, por lo tanto el 12 de octubre se conmemora  “La Resistencia Indígena, Negra y Popular”, para reivindicar el papel que desempeñaron dentro de la historia nuestros grupos originarios.  La resistencia permanente es la parte de la historia sesgada, la versión omitida a conveniencia política, económica y social de los imperios coloniales y neocoloniales (Estados Unidos) en nuestras tierras.

El General Sandino es muy explícito en este sentido, en la carta abierta que dirige a los países Latinoamericanos del 4 de agosto de 1928, donde expresa: “Somos noventa millones de latinoamericanos y sólo debemos pensar en nuestra unificación y comprender que el imperialismo yankee es el más brutal enemigo que nos amenaza y el único que está propuesto a terminar por medio de la conquista con nuestro honor racial y con la libertad de nuestros pueblos”.

La resistencia indígena está presente en todo lo que nos caracteriza como nicaragüenses, esa herencia no escrita pero transmitida de generación en generación, desde nuestra gastronomía (que aún se conservan recetas prehispánicas, por ejemplo el tamal pisque), nuestros rasgos físicos (a pesar que somos mestizos), en nuestras toponimias, en el conocimiento del campesino que sabiamente siembra y levanta su cosecha siguiendo los tiempos de canícula y la influencia de luna, en la fraternidad del apoyo al hermano más necesitado practicando la vida en comunidad, en el respeto al anciano por la sabiduría que él representa, en el sincretismo religioso (todos los municipios y departamentos tienen un santo patrono), que no es más que el reflejo de la representación de las festividades precolombinas politeístas,  el sentido de pertenencia a nuestra tierra y a la naturaleza, pero sobre todo los ideales de autodeterminación de nuestro pueblo y defensa de nuestra soberanía nacional, en la búsqueda constante de nuestra libertad. El revolucionario, el sandinista, lleva la semilla de resistencia que dio su fruto en millones de hombres y mujeres que lucharon por heredarnos una patria libre.

Es importante que deconstruyamos la percepción neocolonialista de subestimación de la complejidad social de nuestros grupos originarios, retomemos el pensamiento de Sandino y sigamos su ejemplo patriota, es nuestro deber sentirnos orgullosos de nuestros orígenes, que en definitiva es la razón de ser de nuestro nacionalismo y como dijo el General de hombres y mujeres libres: “Me siento orgulloso de que por mis venas circule más que cualquiera, la sangre india americana, que por atavismo encierra el misterio de ser leal, patriota y sincero”.

¡A 526 años de lucha seguimos resistiendo!

fuente la barricada